En un contexto donde los periodos electorales suelen generar cautela en los mercados, la vivienda social se posiciona como un segmento con demanda estructural, impacto tangible y capacidad para seguir activo más allá de la coyuntura política.
El mayor impulso vino desde los programas Techo Propio y Crédito Mi Vivienda del Ministerio de Vivienda.
Las operaciones de financiamiento crecieron 38% en el primer trimestre. Lima y el norte concentran la demanda.
La compra de inmuebles en planos o en construcción continúa liderando el sector, reflejando mayor confianza de los compradores.
Entre los principales cambios se plantea que los beneficiarios no puedan vender ni alquilar la vivienda durante los primeros cinco años. El proyecto busca asegurar que las viviendas subsidiadas sean destinadas realmente a quienes buscan acceder a un hogar propio.
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